¿CÓMO PUEDE ALGUIEN SEGUIR VOTANDO AL PSOE?
Juan Soto Ivars • 132.8K views • 2d ago
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«Si no es de una manera, será de otra». Pedro Sánchez asegura que conoce bien a la
sociedad española y que seguirá gobernando cuatro años más después del 29 de
noviembre. No ha explicado exactamente cómo. Pero viendo cómo de fieles son los suyos...
La frase llega después de ocho años en los que el presidente ha cuestionado decisiones del Congreso, del Senado y del Tribunal Supremo, y ha defendido que su Gobierno puede seguir adelante incluso «sin el concurso del poder legislativo».
La declaración se produjo el 16 de octubre en Bruselas, al término de una reunión del Consejo Europeo. Preguntado por la división de los partidos a la izquierda del PSOE, Sánchez se mostró optimista ante las elecciones generales y convencido de que su proyecto continuará una legislatura más. La ambigüedad de sus palabras ha reabierto una discusión que acompaña al presidente desde hace años: su relación con las instituciones cuando sus decisiones no reciben el respaldo esperado.
El 6 de octubre, después de que PP, Vox y Junts rechazaran los decretos de vivienda, Sánchez acusó al Congreso de haber dado «la espalda a la calle». El Gobierno volvió a aprobar las medidas y anunció que intentaría convalidarlas en la Diputación Permanente. Días después, el presidente insistió en que había llegado la hora de que el Parlamento se pareciera más a la calle y menos a quienes viven en áticos.
La tensión entre el Ejecutivo y el Legislativo tiene antecedentes. En septiembre de 2024, Sánchez anunció ante el Comité Federal del PSOE que seguiría desarrollando su agenda «con o sin el apoyo de la oposición, con o sin el concurso del poder legislativo». Aquellas palabras provocaron críticas de juristas y de la oposición. El presidente aclaró posteriormente que se refería a las competencias propias del Gobierno, pero la frase continúa apareciendo cada vez que Moncloa pierde una votación importante.
También está su relación con la Justicia. En 2019, durante una entrevista televisiva, Sánchez respondió a una pregunta sobre la Fiscalía con un «¿de quién depende?». La expresión se convirtió en una de las más recordadas de su primera etapa en el Gobierno. Años después, sus críticas al Tribunal Supremo, las discrepancias sobre la aplicación de la amnistía y la polémica por el posible indulto al exfiscal general Álvaro García Ortiz han mantenido abierto el enfrentamiento político sobre la independencia judicial.
El Senado tampoco se ha librado. Sánchez llegó a calificar de «circo» una sesión de la Cámara Alta y acusó al PP de convertir la institución en una herramienta de la «máquina del fango». El Congreso bloquea medidas, el Supremo adopta decisiones que el Gobierno cuestiona y el Senado se convierte en escenario de enfrentamiento. Una sucesión de episodios que ha alimentado el debate sobre los límites del poder ejecutivo y el funcionamiento del sistema parlamentario español.
Pero hay otra parte de la declaración de Bruselas que resulta especialmente interesante: «Creo conocer bien a la sociedad española». El presidente llega al 29-N después de haber cambiado su posición sobre los indultos, la amnistía y los acuerdos con los partidos independentistas. También después de una legislatura marcada por las investigaciones de corrupción, la ausencia de nuevos Presupuestos Generales del Estado y una crisis de vivienda que ha terminado provocando el adelanto electoral.
Juan Soto Ivars plantea una cuestión incómoda para el electorado socialista: qué ocurre cuando un partido incumple compromisos que sus propios votantes consideraban fundamentales. ¿Hasta dónde llega la fidelidad política? ¿Cuántas decisiones contrarias a las promesas electorales está dispuesto a aceptar alguien antes de retirar su confianza?
La respuesta no es tan sencilla como atribuir todos los votos a la identidad partidista. Una parte de los electores sigue considerando al PSOE la opción más cercana a sus preferencias, incluso cuando desaprueba algunas decisiones de Sánchez. Otros votan principalmente para impedir un Gobierno de Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. La relación entre PP y Vox se ha convertido así en uno de los elementos centrales de la campaña socialista.
En las elecciones de 2023, el PP fue la fuerza más votada, pero Sánchez consiguió reunir los apoyos necesarios para su investidura. El 29 de noviembre vuelve a plantearse la diferencia entre ganar las elecciones y poder gobernar. Las encuestas, el voto útil, la fragmentación de la izquierda y los posibles pactos parlamentarios ocupan buena parte de la discusión política.
A seis semanas de las urnas, Sánchez mantiene su confianza en el resultado y el PP busca atraer a votantes desencantados con el PSOE sin perder terreno frente a Vox. Entre ambas estrategias aparece una pregunta que va más allá de los partidos: cuánto pesa lo que hace un Gobierno frente a lo que sus electores temen que haga el siguiente.